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CRIMINOLOGÍA

Por Mario Pérez González

Etiología de la criminalidad: Políticas Públicas.

Análisis psicológicos y sociológicos

 

 

Causas Criminógenas del Delito en Argentina

 

Es mejor evitar los delitos que castigarlos.  C. Beccaria

 

La ineficiente política de Estado en materia criminal, como  principal factor aumentativo   del delito en Argentina

 

¿LA PROFESÍA DE DISCÉPOLO?

“Siglo XX cambalache problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil”. Enrique Santos Discépolo describía en 1935 lo que observaba en la Argentina y el mundo. La letra de tango pasaba, de la metáfora al diagnóstico, que tomada en serio, se describía una realidad y pronosticaba el futuro con asertiva meridianidad y hasta se podía llegar a  interpretar como una “profecía”. Se instalaba en la sociedad como una verdad que simplemente desvestía a la seudomoral reinante de la época, pero, que no pasaba de un comentario de café llevado a la letra de tango. Observado el mensaje con un tinte de realismo pagano, cualquier criminólogo de la época, podía tener material para aseverar que se instalaba, más allá de la realidad, un mensaje de la cultura del delito. La denuncia de Discépolo (no apología) ¿ intentaba prevenir,” como si fuera una vacuna”, o diagnosticaba una enfermedad social incurable? ¿Ofrecía tesis a criminólogos, sociólogos, psicólogos, políticos, historiadores y antropólogos? O simplemente era una chabacana letra de tango que, recibió como premio, para inmortalizarse, el acompañamiento de la realidad, una buena melodía y el canto recurrente de malos y buenos cantores de todas las épocas. ¿Acaso nos hablaba del “ser y no ser de los argentinos”? Si esto es así, también incluyó en su letra, a la filosofía, madre de toda las ciencias y verdades, incluyendo a las verdades aparentemente vulgares y populares.

Tal vez el punto disparador y creativo de Discépolo, fuera la década del treinta, con su política y economía en crisis, abundante de material social para convertirse en un “fiscal” artístico, medio al fin, para poder meter en la cabeza de cada uno de los argentinos los problemas que se manifestaban con peligro de  proyección futura... Con anomia incluida. El delito era abiertamente puesto en la  escena y entre los espectadores de la época hasta podía estar invitado José Ingenieros. Discépolo denunciaba, describía y profetizaba y José Ingenieros desarrollaba propuestas y  soluciones en su tratado sobre la criminología.

La facultad de filosofía formaba a futuros psicólogos que terminarían siendo encumbrados psicoanalistas reconocidos en el mundo, que como contrapartida, tenían en la vereda de enfrente a Mario Bunge, filósofo epistemólogo,  que sostenía que lo que había creado S. Freud no era ciencia y que por ende los profesionales psicoanalistas no respondían a los parámetros exigidos en el rigor científico.

El delito que preocupaba, entonces y ahora,  a las instituciones del Estado, como a la sociedad, incluyendo al colectivo de los artistas como Discépolo, sus soluciones pasaban por las teorías de la época; en lo psicológico, el planteo psicoanalítico podía situarse en el equilibrio o desequilibrio de “yo” en esa lucha con el “superyó” y el “ello”. Un “superyó” débil podría llegar a facilitar conductas delictivas. En sociología se hablaba de la subcultura como puerta de entrada al fenómeno social del crimen. Médicos de todas las épocas creyeron encontrar en lo biológico las causas de la conducta criminal. Todos tomaban de cada ciencia o disciplina lo que encajaba en su elaboración teórica, no siempre estos emparches, dieron los resultados esperados. La integración interdisciplinaria- para la criminología-, no fue tal y sólo sirvió en muchos casos para confrontar teorías que a la luz de los resultados y en términos económicos fueron ineficientes, y estadísticamente, salta a la vista, que hay mucho camino por recorrer.

 

Con el nombre de Política Criminal se conoce a la disciplina conforme a la cual el Estado debe realizar la prevención y la represión del delito. Pero en realidad su propósito es el aprovechamiento práctico, por parte del legislador, de los conocimientos adquiridos por las ciencias penales para poder satisfacer los fines propios del ordenamiento jurídico.

 

El primer investigador que se supone empleó el término de  “Política Criminal”, fue Kleinsrod

La política criminal tiene como su más digno representante a Franz  Von  Liszt,  para quién ésta disciplina se ocupa de las formas o medios a poner en práctica por el Estado para una eficaz lucha contra el delito, y a cuyo efecto se auxilia de los aportes de la Criminología y de la Penología, disciplina ésta que estudia las penas tanto desde el punto de vista de su naturaleza como de su fundamentación y fines.

 

“LO POLÍTICO NO SE TOCA”

 

La critica a la  falta de política criminal para disminuir el delito por parte del Estado, se halla en la mayoría de los investigadores ausente.

Algunos, sin embargo, como Tieghi, referencian puntos salientes de resoluciones de las Naciones Unidas en la materia, acompañando y aportando soluciones propias que merecen ser aplicadas y desarrolladas puntualmente en la Argentina.

 

Por muchas razones: en Argentina, en materia criminológica, siempre se tiende a echar la culpa del problema del delito, a las leyes (Poder Legislativo), o al Poder Judicial y a sus subordinadas fuerzas de seguridad – policía, gendarmería, prefectura.

La versión social pide rendición de cuenta a estos poderes  por no actuar y hasta se lo culpa del aumento estadístico del delito en el país. “El ciudadano de a pie” como se dice comúnmente, lo hace conforme a la fluctuación de sus emociones y no a al equilibrio de la razón. Estos dos poderes –Legislativo y Judicial- aceptan calladamente y,  en forma resignada, las críticas que vienen de la sociedad y de los medios de comunicación. Tanto el Poder Legislativo, como el Judicial, hacen de fusible del Poder Ejecutivo, de los que conducen y gobiernan, y tienen la obligación entre muchas cosas: de velar por el bien común, por el fiel cumplimiento de las leyes, por el resguardo de las instituciones y el desmedido uso del poder, en todo caso, jurídicamente arbitrario.

El Poder Ejecutivo a menudo hecha mano del artículo 99 de la Constitución Nacional pero aún no da en la tecla en materia en el uso correcto de políticas preventivas del delito en general.

Es común escuchar a formadores de opinión decir. que el Estado está ausente en temas tan importantes como: Salud, vivienda, educación, trabajo. Si tomamos estas cuatro necesidades básicas del ser humano, podemos desde aquí inferir cual sería nuestro punto de partida y cual debería ser el objetivos político y social del Estado.

No es necesario recurrir a los innumerables tratados y propuestas sobre criminología para darnos cuenta que, cuando el Estado no se hace cargo y atiende el “bien común”, “lo más común es el delito”.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, viven en la calle más de 3 mil personas, 50 mil familias están en situación de hotel, no existen datos sobre los que ocupan ilegalmente edificios, pero se calcula que pasan los 30 mil. A estas cifras debemos agregar las innumerables villas que van aumentando su tamaño y las nuevas que aparecen producto de la falta de solución a los principales problemas, que son; la falta de empleo y vivienda entre otros factores.

Entre las hipótesis que sustentan la ausencia de políticas reparadoras en el orden social, se encuentra la llamada “clientelismo político, o rehenes de la dádiva demagógica”

Para ampliar el tema tratado por distintos investigadores en distintas épocas, no estaría mal tener presente responder a las siguientes preguntas:

1.      ¿Tiene el Estado programas a corto, mediano y largo plazo para disminuir el delito? 

2.      Si los tiene, ¿son efectivos y sustentables? 

3.      Si son efectivos y sustentables, ¿se hace una correcta gestión de los recursos?

4.      ¿Se sabe cuál es el índice máximo de tolerancia social de las distintas clases de delitos?

5.      ¿Hay integración de esfuerzo y capacidades entre el gobierno y la sociedad para buscar resultados que redunden en beneficio del bien común?

6.      ¿Interesa económicamente bajar el delito a cifras que manejan los países del primer mundo? 

7.      El delito como mercado negro de recursos para paliar necesidades, -principalmente en las clases media baja y baja,- ¿tiene gestión aparte?

     ¿Es económicamente necesario y apropiado, subliminalmente, fomentarlo?

8.      ¿ Entiende el Estado que allanando el acceso a un mínimo de bienes económicos – según Santo Tomás- y con esto a la educación, salud, vivienda, trabajo,(disminución de la pobreza) está haciendo profilaxis y encarando la verdadera y la más importante prevención del delito a corto, mediano y largo plazo?

9.      ¿El Estado aplica correctamente el poder, o la sociedad lo percibe como arbitrario y ausente?

10.  ¿Los Poderes del Estado saben hacer entender a la sociedad cual es su jurisdicción y la importancia del orden y  la libertad en el Estado de Derecho”

11.  ¿El Poder Ejecutivo respeta la división de poderes, tan importante, en el Estado de Derecho?

 

Contestadas las preguntas que los Poderes del Estado y sus instituciones intermedias están obligados a responder a la sociedad, comenzaría el punto de partida hacia una nueva cultura de los valores y sociedad, agiornada, para enfrentar nuevas modalidades de delitos y delincuentes.

Sabemos que en la criminología hay  siempre  más preguntas que respuestas y que se hace necesario estar pendientes para no solo encontrar respuestas, sino para dar soluciones inmediatas.

¿Es el Estado absolutamente responsable del descontrol del fenómeno criminal?

En principio se puede asegurar que el Estado y sus gobernantes tienen el poder delegado por la gente, por el ciudadano, y que por tal motivo, es el principal responsable de las políticas públicas en materia criminal,  pero, no se puede decir que el hombre al tener la libertad, discernimiento y hacer mal uso de ella en detrimento de la sociedad no tiene  responsabilidad, de hecho la tiene y  a él se le impone la ley.

 

PRODROMOS DELICTUALES QUE DEBE ATENDER EL ESTADO COMO PROYECTO DE GESTIÓN:

1.      Disminución progresiva de la educación, indiferencia social al reconocimiento de valores y de las instituciones

2.      Alto índice de desempleo y pobreza

3.      Aumento progresivo de alcohol, cigarrillo y drogas

4.      Desintegración familiar

5.      Indefinidas políticas sociales

6.      Cultura del individualismo

7.      Incumplimiento de igualdad de posibilidades

8.      Interferencia de poderes

9.      Abuso de poder

10.  Incumplimiento de penalidades efectivas

11.  Cultura de la Impunidad ( principalmente en las clases altas)

12.  Corrupción

13.  Disminución de la autoridad institucional

14.  Desconocimiento por parte de la sociedad de la institución política y sus referentes

15.  Anomia

16.  Fortalecimiento de la cultura de la nivelación social y económica para abajo

17.  Afirmación de la teoría del caos (sentimiento generalizado en la gente)

18.  Insuficiente estímulo reforzador a las conductas sociales positivas

19.  Otros

 

 

La función propia de la prevención, es la lucha contra la delincuencia actuando sobre las causas no sobre los efectos que estas producen. -F. Scimé-

 

Romagnosi (1761-1835), señaló que el único medio general para prevenir las ocasiones de tener que ejercitar el derecho penal, se hallaba fuera del mismo, esto es, en la dinámica moral preventiva; por oposición a la dinámica física represiva; propuso el autor entre las causas sociales más comunes y constantes de los delitos se hallaban cuatro:

1.      Las necesidades de subsistencia

2.      La carencia de educación

3.      La deficiente vigilancia

4.      La injusticia

Citado por Tieghi en su Tratado de Criminología

 

Sin duda, el programa de prevención criminal se encuentra relacionado con la política general de gobierno de una comunidad; en consecuencia, sus lineamientos deben hallarse estructurados en las áreas incluidas en los programas de esa política general, con su consiguiente interdependencia; fuera de ello quedará una solitaria e insuficiente penología.  - Tieghi-

 

Los problemas políticos, sociales y psicológicos traen resentimiento, discriminación, frustración, abandono, entre otras cosas, que favorecen el aumento del delito y la violencia en los hechos, en todas las clases sociales, principalmente medias baja y bajas. (se deja para otro estudio, los delitos en las clases media alta y alta, que es donde se observan indicadores de delitos- llamados  de guantes blancos – por Ej.:  económicos,  de lavado, vaciamiento de empresas, etc.

Los efectos de estupefaciente (drogas) a corto, mediano y largo plazo, sobre personas no criminales deben tener una agenda impostergable en la logística política y tratar de determinar que modelo de país queremos.

Lucha contra el crimen como acción coordinada de múltiples áreas de gobierno dirigidas a la profilaxis predelictual. El carácter cultural de la conducta social o criminógena explica  el lanzamiento de esos programas articulados de  profilaxis o prevención criminal ( de tipo primario, secundario y terciario)  En todos los niveles. individual, grupal, y social.

La dinámica del aprendizaje criminal, previa a la formación de los impulsos y a la conducta delictiva, hace obvia la necesidad de explicar cómo los programas culturales de modelamiento previenen el delito y condicionan la conducta social: se establece, así un repertorio interactivo que la sociedad refuerza afirmativamente o negativamente sus conductas.

 

En los países menos desarrollados demuestra que solo una cuarta parte de los delitos cometidos son efectivamente denunciados o comunicados a la autoridad judicial, con lo cual recién tendrá lugar el proceso cuya tasa condenatoria no suele superar el 3%, se concluye en que menos del 1% de los crímenes ocurridos es objeto de sanción. Una deficiente organización de la justicia penal, sumada a una insuficiente detección policial, suele reforzar el aumento de la tasa criminal y de las más variadas formas de comportamiento de evitación relativos a la actuación satisfactoria de esas áreas.

El 99% son premiados o reforzados positivamente. Estos pueden gozar del producto del delito, con lo que aumenta la fuerza y frecuencia del impulso, dando lugar a una reproducción geométrica de la criminalidad.

 

(Prevención, y más prevención para  reforzar conductas positivas, y así desalentar el delito para que cada uno analice el costo beneficio)

 

Para conocer los caminos en los que se puede referenciar las políticas de Estado se hace necesario tener en cuenta el concepto de algunas ciencias y disciplinas que coadyuvan con métodos, que analizan desde otra óptica, el fenómeno criminal. Y esto  acompaña el esfuerzo sustantivo con nombre propio de sus respectivos investigadores: Garófalo, Ferri, Lombroso, y tantos otros.

 

 

PRIMERO FRENAR EL CRECIMIENTO DELICTIVO

Como objetivo para el corto plazo sería atinado atender el ORDEN INSTITUCIONAL y JURÍDICO con la justa y merecida libertad declarada en nuestra Constitución Nacional junto a otras facultades como por ejemplo: (status libertatis – status civitatis y status activae civitatis- Jellinek)

Cuando no se da esta articulación institucional – social, es posible observar:

  1. La existencia de un incremento del aprendizaje desviado y criminal; ello ocurre, ya desde la infancia, la niñez y la adolescencia, tanto dentro del marco familiar, sociocultural como dentro del subcultural.
  2. La inexistencia de una política efectiva tendiente a disminuir o evitar la aprobación social de fines ( riqueza o poder) sin previa y fundamental subordinación al mérito o demérito de los medios de consecución ( aprobación social ilícita o indiferente)
  3. La carencia de una programación específicamente dirigida a asegurar – masivamente- la desaprobación social del delito.
  4. El incremento de las ambivalencias institucionales y de la corrupción administrativa o de los funcionarios públicos y del abuso del poder
  5. Falta de previsiones generales relativas a asegurar que las costumbres, las normas éticas y el conjunto de valores normas y significaciones centrales de la sociedad sean coherentemente transmitidas por los medios de comunicación.
  6. El constante incremento de la delincuencia oculta o criminalidad impune, sea por ineficiente detección, o sea por múltiples deficiencias procesales.
  7. La ausencia de programas dirigidos a lograr la detección primario o anticipatoria de la criminalidad o más bien, del aprendizaje criminal.
  8. La ausencia de disposiciones sociales y procesal –penales encausadas a evitar  la consecución criminal del producto del delito, para que éste no se refuerce positivamente.
  9. La carencia de prácticas y normas relativas a los aportes vitales básicos, a la atención de las crisis vitales y a las de poblaciones en riesgo.
  10. La necesidad de dar preferencia absoluta el cese del refuerzo positivo o recompensa, por sobre el castigo (delitos económicos) , sin que por ello implique la simple negación de este último; al menos cuando lo aconseja la peligrosidad del agente.

 

Ante la realidad que he expuesto resulta evidente que los programas de prevención, también llamados estrategias de prevención del delito, deben operar:

  1. Asegurando las condiciones de vida y de aprendizaje en el mayor grado posible, y en uno u otro sistema político, etc.
  2. Evitando la indiferencia social ante el delito o su aprobación. Etc.
  3. Apoyando la más coherente y masiva desaprobación social del crimen, etc.
  4. Disminuyendo las ambivalencias políticas - institucionales y la corrupción administrativa , de los funcionarios públicos, así como el abuso del poder  Debe aumentarse para ello tanto la tasa de detección, como el índice condenatorio, procurando la difusión de esa acción policial y judicial, procurando la difusión efectiva de esa acción policial y judicial.

 

Hoja de ruta para evitar altos índices de delitos en Argentina:

  1. Cumplimento efectivo de las leyes no desviarse del camino de la equidad y la justicia en su correcta aplicación
  2. Creación de adecuadas Política Públicas con asistidos programas preventivos del delito – Economía y política puesta al servicio de bien común
  3. Disminución efectiva de la pobreza que debe ser considerada como epidemia y tratada como tal
  4. Programas efectivos de prevención en el uso indebido de drogas prohibidas
  5. Permitir que las instituciones puedan hacer efectiva la  gestión para las que fueron creadas
  6. Respetar el Estado de Derecho y la División de Poderes
  7. Educar al soberano para que, su libertad, discernimiento y voluntad se afirmen en el derecho propio y respete el derecho de los demás en una clara convivencia social, propio de un sistema democrático
  8. Desarrollar y ejecutar sistemáticamente un plan de Justicia Social en forma inmediata y sustentable en el corto, mediano y largo plazo.

 

Conceptos y definiciones de ciencias y disciplinas afines

 

SOCIOLOGIA CRIMINAL

Esta ciencia estudia el acontecer criminal como fenómeno que se da en la colectividad, tanto en sus causas y factores como en sus formas, desarrollo, efectos y relaciones con otros hechos y conductas que se dan en la sociedad, es decir, estudia la delincuencia desde el punto de vista social, pretende hallar sus causas más que en el factor personal, en el medio social.

 

Destacando a los temas que son objeto de mayor atención por los especialistas de la Sociología Criminal, podemos mencionar a los siguientes:

 

 

Existieron otros autores que se especializaron en este tema, como por ejemplo Enrico Ferri, que reconocía cuatro ramas científicas para la observación psicológica de la personalidad: La psicología criminal, la psicología judicial, la psicología carcelaria y la psicología legal.

Otro autor destacable es Hilda Marchiori, que opinaba que la Psicología Criminal trata de averiguar, de conocer que es lo que induce a un sujeto a delinquir, que significado tiene esa conducta para él, porque la idea de castigo no lo atemoriza y le hace renunciar a sus conductas criminales.

 Los temas de estudio más importantes con respecto a la Psicología Criminal son:

 

 

Podemos resumir que la Psicología Criminal se encarga del estudio de las aptitudes, los procesos mentales, la personalidad, la motivación (consciente o subconsciente) del criminal y de su crimen, llegando a abordar lo más pertinente de la psicología del individuo,  pasando por la psicología de los grupos sociales o antisociales.

 

La Victimología nace con pretensiones de ciencia independiente, atrayendo la atención de juristas y criminólogos sobre la víctima, es decir, la persona que sufre un mal por culpa ajena o propia.

 

Desde un punto de vista amplio, la Victimología no se agota con el estudio del sujeto pasivo del delito, sino que atiende a otras personas que son afectadas, y a otros campos no delictivos como puede ser el de los accidentes.

 

Una característica particular de esta ciencia, es el análisis de los que padecen por una conducta antisocial, centrando sus estudios sobre los diversos tipos de víctimas, su participación en el hecho, su mayor o menor voluntariedad, su responsabilidad, la necesidad de compensación, de tratamiento, la relación

Victimario-víctima, sociedad y victimas, etc.

 

Dentro de la Victimología nos podemos encontrar con temas que son básicos para la materia, como por ejemplo:

 

Víctimas en determinados delitos (sexuales, contra la persona, patrimoniales, etc.)

 

A un país que juega con sus finanzas y destroza su economía básica y destruye su aparato productivo, sucede de modo subsecuente la delincuencia de quienes no tienen nada, y nada tienen que perder – Neuman, Elías-

 

      La pobreza, la participación desigual en los recursos económicos existentes, contribuye a alienar y perjudicar a las personas que pertenecen a las clases sociales bajas. Plantea Walker que la persona pobre está sobre-expuesta a limitaciones y frustraciones que les hacen reaccionar de tres formas: (1) tratar de lograr las metas y aspiraciones aprendidas socialmente usando medios desviados e ilegítimos, por ejemplo, con la venta de drogas; (2) puede reaccionar agresivamente ante la frustración de sus metas no logradas, ejemplo, desahogando su coraje en vandalismo; (3) se adaptan a su pobreza con resignación, fatalismo, pasividad, falta de fe hacia su futuro, falta de confianza, entre otras cosas; por ejemplo, viendo el delito pero no haciendo nada por detenerlo.

 

En el amplio horizonte de la penalística aparece la política criminal como las disciplina rectora de la lucha contra el crimen.

En menor o mayor medida, todas las ciencias de la enciclopedia penal están en uno u otro sentido, al servicio de la lucha por la erradicación del delito.

Todos estudian desde su ángulo particular, las formas y maneras de refrenar la actividad delictiva . Pero es la política criminal la que planifica los esfuerzos y desvelos de todas las demás. (M. H. Figueroa)

 

El orden jurídico requiere el cumplimiento efectivo de las leyes, de velar por su legalidad y eficacia, por la implementación de la equidad por encima de la justicia (aunque se consideren sinónimos) para el logro del bien común en sentido aristotélico.

La justicia como es requerida y sustanciada nos lleva al orden, el orden nos conduce a la paz y este valor preciado por todos los seres humanos nos garantiza otro gran valor que es la seguridad. Si bien es cierto que garantizar el orden implica disminución de libertades individuales y sociales, también es cierto que a la hora de elegir, la gente con sentido común, elige la paz y seguridad por el desmadre de libertades.

 

 

Bibliografía:

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Scimé, Salvador Francisco, Criminología Causas y Cosas del Delito, Ed. Jurídicas, Buenos Aires, 2000.

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Tratado de Criminología, Tieghi, Osvaldo, Ed. Universidad, Buenos Aires, 1996

Criminalidad, Tieghi, Osvaldo, Ed. Universidad, Buenos Aires, 2004

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Herrera Figueroa, Miguel: Psicología y Criminología, E.C.U.A, Buenos Aires, 1991

Silva - Torres, Homicidios Seriales, Ed. García Alonso, Buenos Aires, 2004

Buján, Javier, Elementos de Criminología en la Realidad Social, Depalma, Buenos Aires, 1998

Reik, T., Psicoanálisis del Crimen, , Ed. Horme, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1965

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Kelsen, Hans, ¿Qué es la Justicia? Ed. Leviatán, Buenos Aires.